Mis guerras internas se hunden entre flashes de luces fluorescentes que
encandilan la mirada de cualquier amante condenado. Camino sobre el filo del abismo
que amenaza con abrirse, con atraparme en la oscuridad de las garras del
tiempo. Como el tiempo que viene con el olvido, yo vengo con el recuerdo. Con no
dejar escapar las sonrisas que inundan mis ideas de cenizas que se esfuman en
el viento. Me hundo en un mar de pensamientos ajenos a la cruda realidad que
nos choca en las narices para despertarnos de la caja de cristal. Ya estoy en
el fondo de donde haya caído, nadie me podrá rescatar. Miro desde el frío piso
donde yazco y me decido a levantar. Ya no hay miedos que se me aferren, ahora
puedo caminar. Con el paso firme de quien sabe lo que hace y con mis ojos más allá
de la realidad.
El caído que se levanta siempre es doblemente peligroso, porque ya sabe hasta dónde puede llegar, mientras que quien nunca ha caído siempre sentirá miedo de cuanto pueda ocurrirle.
ResponderBorrarExcelente texto.
Saludos
J.
¡Muchas gracias por haberte tomado el tiempo para leerlo!
BorrarSaludos.