Te conocí en mis tiempos agridulces,
donde no importaba el que dirán. Te fuiste haciendo dueño de mi pensar en cada
despertar, estabas en cada paso al caminar. Me seguiste en el andar, en un
camino desconocido, tan ajeno a mi pasada realidad. Te hiciste amigo de mis
palabras, de mis deseos e inquietudes, me conociste en mi punto de máximo esplendor
y en mi más profunda depresión. Supiste llevarme con tu mirada a un mundo
paralelo de lo que estaba acostumbrada. Me nutriste de enseñanza en cada caricia
que le hacías a mi alma. Me dejaste ser yo en tus tiempos de gloria, en tus
batallas ganadas en el brillo de mi amor. En el apogeo de la ternura, que nos envolvía
en las mañanas bañados por el rayo del sol. Pero en todas las ocasiones también
fuiste vos, no sólo yo. O tal vez, no fuiste ni vos, ni yo, y fuimos sólo nosotros
dos, como uno, ese uno en un millón. Supimos ser fielmente una sola persona por
un instante que pareció la eternidad. Y yo te quise dejar escapar, victima de
mi poca seguridad. No tengo nada más que hacer… Yo bajo el telón de esta obra
barata. Hoy rompo filas, ya no doy batalla. Todas mis tropas se rinden ante tu
ser. Saco bandera blanca ante tan persistente tempestad.
[Hoy me condena tu amor.]
Me pediste que te lea asi que aqui estoy, me gusto mucho lo que escribiste, tratare de leerte mas seguido! :)
ResponderBorrarbesos
Gracias por haberte tomado el tiempo de leer:)
BorrarEse ser, sin saber realmente qué se es, o por quién se es, es lo que señala que, de cierta forma estamos vivos...
ResponderBorrarSuerte
J.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderBorrarA veces es mejor rendirnos y dejar de ser, que seguir luchando por algo que no es.
ResponderBorrar