jueves, 28 de agosto de 2014

La historia primera.

Te conocí en mis tiempos agridulces, donde no importaba el que dirán. Te fuiste haciendo dueño de mi pensar en cada despertar, estabas en cada paso al caminar. Me seguiste en el andar, en un camino desconocido, tan ajeno a mi pasada realidad. Te hiciste amigo de mis palabras, de mis deseos e inquietudes, me conociste en mi punto de máximo esplendor y en mi más profunda depresión. Supiste llevarme con tu mirada a un mundo paralelo de lo que estaba acostumbrada. Me nutriste de enseñanza en cada caricia que le hacías a mi alma. Me dejaste ser yo en tus tiempos de gloria, en tus batallas ganadas en el brillo de mi amor. En el apogeo de la ternura, que nos envolvía en las mañanas bañados por el rayo del sol. Pero en todas las ocasiones también fuiste vos, no sólo yo. O tal vez, no fuiste ni vos, ni yo, y fuimos sólo nosotros dos, como uno, ese uno en un millón. Supimos ser fielmente una sola persona por un instante que pareció la eternidad. Y yo te quise dejar escapar, victima de mi poca seguridad. No tengo nada más que hacer… Yo bajo el telón de esta obra barata. Hoy rompo filas, ya no doy batalla. Todas mis tropas se rinden ante tu ser. Saco bandera blanca ante tan persistente tempestad.


                                [Hoy me condena tu amor.]

5 comentarios:

  1. Me pediste que te lea asi que aqui estoy, me gusto mucho lo que escribiste, tratare de leerte mas seguido! :)
    besos

    ResponderBorrar
  2. Ese ser, sin saber realmente qué se es, o por quién se es, es lo que señala que, de cierta forma estamos vivos...

    Suerte

    J.

    ResponderBorrar
  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderBorrar
  4. A veces es mejor rendirnos y dejar de ser, que seguir luchando por algo que no es.

    ResponderBorrar