No me asusta con sus manos frías y su piel tan blanca. No me asusta
cuando se acuesta a mi lado y me susurra al oído esas últimas palabras. No me
asusta si me acaricia la espalda, si me besa el cuello. Somos finitos en este
mundo tan infinito. Somos el polvo de esta gran carretera, la arena del
desierto, la que todos olvidan. No me opongo si me lleva, ha de ser el destino.
Destino incierto, que me ha dejado a la deriva tantas veces que ya no imagino
otro camino. Me dejo caer en el sueño eterno contemplando los recuerdos de una
vida pasada. Tan pasada como amada, tan amada como pronto será olvidada. Ya pasaron
muchos años, ya nadie me recuerda. Ya no vivo en el olvido porque, ¿Acaso se
puede olvidar lo que nunca existió? Yo me marcho por este camino, el eterno
recorrido. El final del abismo.
SIN PALABRAS.
ResponderBorrarGracias!
Borrar